Es muy curioso como se llega al precipicio de un texto sin ni siquiera intuirlo, verlo o olerlo. Como de golpe y sin darte cuenta llegas a su límite y sin más se acaba.
Tu no decides cuando acabar, lo decide él.
Es como si de repente el bolígrafo se quedase sin tinta, como si tu mano y tu brazo se paralizase y como si tu sangre dejase de regar parte de ti y simplemente el texto muriese.
Todo juega en tu contra, ni fuerza, ni razón, ni ingenio que valga son suficientes para seguir escribiendo, es intento muerto.
La muerte de un texto que ha muerto y nadie puede hacer nada por revivirlo, ni desfibrilador que valga revive lo que ha decidido morir.
Un texto al borde del precipicio donde aún queriendo no te puedes tirar, no es vacío, no es pared, no es aire donde dejarte ir, es la nada sin más.