Das por acabado un texto o poema, lo vuelves a leer y ves que para que quede redondo, tienes que quitar algo.
Decides hacerlo, pero lo que quitas, te gusta tanto como lo que dejas.
Das por acabado un texto o poema, lo vuelves a leer y ves que para que quede redondo, tienes que quitar algo.
Decides hacerlo, pero lo que quitas, te gusta tanto como lo que dejas.