Mil bolis gastados, mil gafas rotas, mil libretas escritas con bolis a punto de gastarse y con gafas a punto de romperse.
Mil palabras unidas por alambres que dicen mil mentiras a la vez que dicen mil verdades.
Mil palabras escritas a mano que se parecen más a alambres de espinos que a palabras.
Mil textos escritos con humo, humo caduco contra letras perennes.
Mil textos que nunca publicaré.
Mil textos guardados en ataúdes de cartón entre el armario y la pared.